El 29 de octubre celebramos en el colegio el día de Halloween.
El concurso y exposición de ¨Jack O´Lanterns¨ fue un éxito tanto por el número de participantes como por la imaginación y destreza a la hora de crear esas terroríficas calabazas. Una vez instalada la muestra, los alumnos tuvieron la oportunidad de admirar esas pequeñas y espeluznantes obras de arte.
Para finalizar el día tuvimos la estremecedora e inesperada visita de un grupo de monstruos. Sin embargo, luego nos endulzaron el sobresalto con unos dulces. Fue un día horripilante y divertido a partes iguales.
A continuación os dejamos unas fotos para que os hagáis una idea de lo bien que lo pasamos el día de Halloween.






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El error que puede convertir un conato en un problema mayor.
Una carpintería metálica no presenta únicamente riesgos asociados a materiales sólidos convencionales. Los trabajos de corte, mecanizado, fresado, lijado o pulido pueden generar virutas, partículas y polvo metálico, modificando las características del material que se encuentra en la zona de trabajo. Si el equipo elegido para responder ante un posible incendio no se corresponde con ese riesgo, la primera intervención puede resultar ineficaz o incluso agravar la situación.
El problema comienza muchas veces con una decisión aparentemente sencilla: colocar el mismo tipo de equipo que se utiliza para otros materiales combustibles. Sin embargo, los incendios que afectan a determinados metales requieren agentes específicos y una actuación acorde con las características del material. Por eso, conocer los principales errores antes de seleccionar los medios disponibles puede evitar decisiones equivocadas cuando la situación ya se ha complicado.
Uno de los fallos más habituales consiste en asumir que todos los equipos que utilizan polvo funcionan de la misma manera. El motivo es comprensible: desde el exterior pueden parecer productos similares y la denominación genérica de “polvo” puede llevar a confusión.
Los extintores para fuegos metálicos están diseñados para intervenir sobre determinados metales combustibles mediante agentes específicos. Su elección debe realizarse atendiendo al metal que puede arder y a las características concretas del riesgo. Utilizar un equipo pensado para otras clases de fuego como sustituto de uno específico puede dejar sin respuesta adecuada un incendio de metal.
Otro error consiste en considerar que disponer de varios equipos de polvo ABC cubre automáticamente cualquier escenario dentro de una carpintería. Esa conclusión puede parecer lógica porque los extintores ABC son habituales en numerosos talleres y establecimientos, pero su formulación y finalidad no son equivalentes a las de los agentes destinados a fuegos de metales.
El extintor clase D utiliza un agente especialmente desarrollado para determinados metales combustibles. No debe entenderse la denominación como una autorización para utilizar el mismo producto sobre cualquier metal: las indicaciones del fabricante y la compatibilidad con el material concreto son determinantes.
En una instalación donde se mecaniza aluminio, por ejemplo, la cuestión no es únicamente disponer de un extintor con polvo, sino comprobar que el agente disponible resulta apropiado para el riesgo identificado.
Trabajar con aluminio tampoco significa que toda la actividad requiera automáticamente equipos destinados a fuegos de metales. El formato en el que aparece el material resulta determinante y no debe confundirse una pieza compacta con residuos de pequeñas dimensiones generados durante determinados procesos.
Una pieza de aluminio utilizada en la fabricación de una estructura no presenta necesariamente las mismas condiciones que una acumulación de polvo o partículas finas procedentes del mecanizado. La granulometría, la cantidad de material, la temperatura y las condiciones en las que se encuentra pueden modificar sustancialmente el comportamiento frente al fuego.
Por ello, antes de adquirir equipos, conviene analizar qué operaciones se desarrollan realmente y qué residuos producen.
La distancia también puede convertirse en un problema. Tener un equipo disponible dentro del establecimiento no significa necesariamente que su ubicación sea adecuada para el riesgo que debe cubrir.
Las áreas de mecanizado, corte, lijado o pulido pueden presentar condiciones diferentes. También deben considerarse los puntos destinados a recoger o almacenar virutas y otros residuos metálicos.
El equipo específico debe permanecer visible, señalizado y accesible, evitando ubicaciones que obliguen a atravesar una zona comprometida para poder alcanzarlo. La distribución debe responder a las características de la actividad y a los puntos donde exista el riesgo que se pretende cubrir.
La presencia de maquinaria y equipos eléctricos puede hacer que el CO₂ sea una opción habitual en determinadas zonas. El problema aparece cuando esa familiaridad lleva a utilizarlo como respuesta general ante cualquier incendio que pueda producirse en el taller.
El CO₂ puede tener aplicaciones concretas frente a determinados riesgos eléctricos o electrónicos, pero eso no significa que sea el agente indicado para un incendio de metal combustible. Un cuadro eléctrico y una acumulación de partículas metálicas en combustión son escenarios completamente distintos y requieren medios diferentes.
Otro de los errores que deben evitarse es recurrir automáticamente al agua. En determinados incendios relacionados con metales combustibles pueden producirse reacciones peligrosas al emplear agentes inadecuados.
Cuando existe un fuego que reúne las características de un incendio de clase D, el agente debe ser específico y compatible con el metal afectado. Además, la aplicación debe realizarse siguiendo las instrucciones del fabricante.
Una actuación improvisada puede resultar especialmente problemática cuando existen partículas finas. Una aplicación agresiva que disperse el material en combustión puede empeorar las condiciones del incendio.
Las máquinas suelen concentrar gran parte de la atención, pero los residuos producidos durante el trabajo también merecen ser considerados. Virutas, polvo, recortes y partículas pueden acumularse en diferentes puntos de la instalación.
El problema no está únicamente en la cantidad de residuos, sino también en sus características físicas y en las condiciones en las que se almacenan. Los sistemas de aspiración, la recogida de residuos, la limpieza de las áreas de trabajo y la eliminación de posibles fuentes de ignición deben formar parte del análisis de la actividad.
Que exista un riesgo relacionado con metales combustibles no significa que todos los incendios posibles correspondan a esa categoría. En una carpintería también pueden encontrarse cartón, madera, plásticos, líquidos inflamables, aceites, maquinaria e instalaciones eléctricas.
Los medios disponibles deben responder al conjunto de riesgos presentes. Un equipo específico para metales puede cubrir una determinada situación, mientras que otros extintores pueden resultar necesarios para materiales sólidos, líquidos o determinados equipos eléctricos.
El error aparece cuando se intenta simplificar la instalación utilizando un único producto para escenarios que presentan características completamente diferentes.
El polvo metálico requiere una atención particular por sus características físicas. Frente a una pieza maciza, las partículas presentan una superficie mucho mayor en relación con su volumen, por lo que las condiciones del proceso y la acumulación de material adquieren especial relevancia.
En trabajos de lijado, pulido o determinadas operaciones de mecanizado, conviene conocer qué cantidad de partículas se genera, cómo se extraen y dónde terminan depositándose. La existencia de polvo no significa por sí sola que se produzca un incendio de clase D, pero sí justifica un análisis específico cuando las características del material y del proceso puedan favorecerlo.
No basta con buscar un producto que incluya la denominación de clase D. Los distintos metales combustibles pueden requerir agentes diferentes y las indicaciones del fabricante deben determinar qué aplicaciones son admisibles.
Aluminio, magnesio, titanio, sodio, potasio y otros metales pueden presentar comportamientos diferentes dependiendo de sus características y de las condiciones del incendio. Por este motivo, la selección debe partir del riesgo concreto y no de una clasificación genérica entendida como universal.
Tampoco existe una cifra que pueda establecerse únicamente atendiendo a los metros cuadrados del taller. La cantidad necesaria depende de factores como la distribución de las zonas de trabajo, los procesos desarrollados, la cantidad de material susceptible de intervenir en un incendio y los puntos donde se concentra el riesgo.
Una pequeña zona de mecanizado y una instalación con varias líneas de producción no presentan necesariamente las mismas necesidades. La ubicación, la capacidad y el número de equipos deben guardar relación con la actividad desarrollada y con los escenarios que se hayan identificado.
Una carpintería puede tener maquinaria moderna y, aun así, presentar puntos que requieren atención específica. Los recipientes de residuos, las zonas de acumulación de virutas y los sistemas destinados a recoger partículas forman parte del escenario que debe analizarse.
También importa la forma de almacenar estos materiales y la posibilidad de que entren en contacto con fuentes de calor o ignición. La organización del espacio debe facilitar una actuación rápida y evitar que los residuos terminen concentrándose alrededor de las máquinas o en zonas de difícil acceso.
Antes de seleccionar un medio de extinción para una carpintería metálica o de aluminio, resulta fundamental conocer qué materiales se procesan, qué operaciones se realizan y qué residuos se generan.
También conviene comprobar:
El tipo de metal presente.
La forma física del material.
La cantidad de polvo o virutas generadas.
Las zonas donde se acumulan los residuos.
Los sistemas de extracción existentes.
Las posibles fuentes de ignición.
La compatibilidad del agente extintor con el metal.
Las indicaciones específicas del fabricante.
El coste de equivocarse no se limita al precio de un extintor inadecuado. Una elección incorrecta puede dejar sin cobertura un riesgo específico y obligar a replantear posteriormente la dotación de equipos.
La clave está en no decidir únicamente por el aspecto exterior del aparato, su denominación comercial o el hecho de que utilice polvo. En los incendios de metales, el agente utilizado es una parte esencial de la respuesta.
La protección de una carpintería metálica o de aluminio exige distinguir entre los distintos materiales y procesos que conviven en el establecimiento. Corte, fresado, lijado, pulido y mecanizado pueden generar residuos con características diferentes a las de las piezas originales.
Cuando exista un riesgo específico relacionado con metales combustibles, la respuesta debe estar determinada de antemano mediante el equipo apropiado y conforme a sus instrucciones de uso. Tener el medio correcto, situado en un lugar accesible y destinado al riesgo que realmente puede producirse, marca la diferencia frente a una elección basada únicamente en soluciones convencionales.